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"Economía naranja" en Argentina

Emprendimientos que transforman creatividad en dinero

Echar a volar la imaginación ha resultado muy buen negocio para ciudades como Buenos Aires, donde la música, el teatro, la literatura, el cine, el diseño y la producción audiovisual, entre otras actividades, ya contribuyen con el 10 por ciento del Producto Interno Bruto de la ciudad, acercándose en importancia a la aportación de sectores como el turismo y el comercio.

Se trata de la “economía creativa”, un concepto promovido por el británico John Howkins hace más de una década, en la cual la riqueza se genera gracias al capital intelectual y artístico, a las ideas y la creatividad para producir contenidos. Ese es el insumo básico, no la tierra, ni el capital.

Gracias a la tecnología, la variedad de plataformas para hacerlos disponibles se multiplicó, con el potencial de llegar a millones de consumidores.

Australia y el Reino Unido fueron pioneros en reconocer el potencial de estos sectores y en activar estrategias para desarrollarlos.

Pronto se multiplicaron esfuerzos similares en varias ciudades del mundo, para revitalizar áreas urbanas.

La fórmula fue crear distritos especializados para atraer a empresas dedicadas a actividades similares, inversiones y talento calificado a cambio de incentivos fiscales y otros beneficios económicos. Una fórmula que permite desarrollar cadenas de valor especializadas, involucrar a miembros de la comunidad en el desarrollo económico local y hasta fomentar el turismo, para crearlos, producirlos y distribuirlos.

En Buenos Aires, hay cinco distritos especializados: audiovisual (cine, video, radio y televisión), editorial (libros y publicaciones) diseño (gráfico, industrial, moda, interactivo), de las artes escénicas y visuales (teatro, danza pintura, etc.), deporte y tecnológico.

Este último, por ejemplo, inauguró los esfuerzos del Gobierno de la ciudad bajo esta nueva lógica económica y los resultados son prometedores. Actualmente, unas 275 firmas locales y globales operan en las 200 hectáreas de terreno urbano que conforman el distrito tecnológico.  

El esfuerzo parece casi obligado para un país que hace más de una década logró reputación internacional en sectores como la producción de cine y el contenido audiovisual.

Para el año 2007, casi la mitad de las producciones y comerciales creados en Argentina fueron destinados a la exportación. Actualmente, es el tercer mayor exportador de formatos televisivos después del Reino Unido y Estados Unidos.

La demanda no llega solo del exterior. El país cuenta con ávidos consumidores de contenidos locales.

En 2016, año de producción récord de cine, con casi 200 estrenos, más del 14% del público espectador consumió películas locales, superando a Chile, Colombia o México, países donde la cifra aún no alcanza los dos dígitos. Entre 2013 y 2015, el poder de convocatoria de las películas nacionales aumentó un 90 por ciento.

Al igual que el cine, Argentina tiene reputación probada en otras actividades: creatividad publicitaria -al mantenerse entre los cinco o seis países más premiados en en el festival Cannes Lions.

En el reconocido informe Gunn Report, que analiza el desempeño de campañas y agencias publicitarias en los principales festivales y certámenes creativos a nivel local, regional e internacional- Argentina se ha mantenido entre los primeros diez países del mundo. Y una historia similar ocurre con el diseño de modas, y la actividad en los teatros comerciales.

El impulso creativo necesita una mentalidad de negocios para tener éxito económico y Argentina cuenta con un ecosistema emprendedor que se ha desarrollado con los años, gracias a una generación de jóvenes talentosos que encontraron inspiración para crear empresas durante el auge de las punto com, en los años noventa.

DeRemate.com, OLX, Patagon, Digital Ventures, Officenet, despegar.com; son algunos de los nombres más conocidos. Algunas de estas fueron adquiridas por firmas globales y sus fundadores se volvieron estrellas del circuito emprendedor internacional.

Otras siguen su camino: entre ellas Globant, especializada en tercerización de tecnologías de la información, fundada en 2003 y liderada por uno de sus cofundadores, Martin Migoya.

O MercadoLibre, la mayor plataforma de comercio electrónico y pagos globales de América Latina. Cofundada en 1999 y liderada por Marcos Galperín, es reconocida como una de las empresas más inteligentes por la revista MIT Review y de las más innovadoras, por la revista Forbes. Desde el 19 de junio, fue la primera empresa argentina en formar parte del índice Nasdaq 100, en sustitución de Yahoo.

Ellos ahora invierten o participan como mentores en empresas de una nueva generación de empresarios, entre los que se cuentan varios de esta economía creativa de la que no es difícil imaginar, podrían surgir otras historias de éxito de dimensión internacional.